miércoles, 5 de noviembre de 2014

Haiti y la realidad fronteriza



La República Dominicana comparte la Isla con la República de Haití a través de la frontera, la cual está compuesta por 5 provincias en el lado dominicano: Dajabón, Pedernales, Elías Piña, Independencia y Montecristi; estas a pesar de estar en el mismo lado fronteriza no gozan de la mejor relaciones entre sí, es decir no tienen una comunicación fluida, ni están interconectadas con fines desarrollista, a pesar de algunos esfuerzos hechos al respecto. 
 
Haití está considerado como el país  más pobre del Continente Americano, lo que representa  una  amenaza en materia de migración ilegal hacia la República Dominicana, no porque este sea un país rico, sino porque posee mejores condiciones de vida de sus habitantes, por lo que ven en la emigración hacia acá, oportunidades para mejorar su futuro, junto a sus familias, cosa que puede ser aprovechado por los gobiernos de ambos países, por medio de la creación de políticas y acuerdos bilaterales, en pro de un crecimiento sostenible en la frontera, en el que salgan beneficiados los dos países, a nivel general y en el caso particular serán desarrolladas las provincias aledañas en la cual se genere una mejor calidad de vida de sus habitantes
Desde la independencia de la República Dominicana en el 1844, al lograr la liberación de la dominación Haitiana, ambos países han creado múltiples acuerdos y tratados así como regulaciones para desarrollar la frontera.

La República Dominicana y Haití son dos países muy distintos desde su nacimiento, tenemos que resaltar que estos países tienen culturas muy diferentes, por ser formados de culturas y países, también muy diferentes. 

Mientras la República Dominicana desciende de la cultura española, Haití tiene su nacimiento de las culturas francesas y  africanas,  por lo que debe ser tomado en cuenta todos estos elementos que convergen en la convivencia en esta Isla, lo que nos introduce al tema de la identidad, que  no podrá ser excluido de cualquier intento de relación y cooperación de estos países a través del vinculo fronterizo, pero que esta condición no hace imposible una convivencia positiva, en la cual se pueda desarrollar, de  manera sostenible toda la zona fronteriza, independientemente del pasado.

A nivel internacional han existido rumores de intenciones sobre una  unificación de ambas naciones, lo que puede ser considerado como algo imposible y esto puede constituir una de las causas que han dificultado, aun más, las relaciones entre ambas naciones, por ser un enfoque divorciado de la realidad que se vive en esta Isla.

Lo que sí podemos considerar es, que si tenemos la situación real de estas dos naciones y sobre esa realidad se organiza una planificación, para desarrollar las zonas fronterizas, en la cual prime el criterio de fiel cumplimiento a lo acordado y planificado, a través de una buena asesoría y supervisaría, tanto de los dos gobiernos como de las organizaciones de la sociedad civil de las zonas involucradas, anteponiendo el interés nacional de ambos países y demostrando una voluntad política en todos los aspectos.

Este desarrollo será posible siempre y cuando se parta  de un diagnóstico profundo de las zonas, que integran la frontera, sobre los problemas que existen allí, que dificultan  o han impedido un desarrollo real y sostenido; este diagnostico implica un análisis de la situación sociopolítica y económica de ambos lados de la frontera, luego analizar el marco jurídico común para ambos lados, así como identificar las debilidades y fortalezas existente para generar un proyecto binacional, en el que se hagan las inversiones de manera proporcional y sistemática, esto así porque no podemos obviar que las condiciones, para lograr un proyecto como este, no son las más halagüeñas, debido a  que en las zonas fronterizas hay un gran déficit de infraestructura en ambos lados, acentuándose en  la parte Haitiana, además no existe una mano de obra competente para esas tareas, entre otras debilidades que serán citadas más adelante.